viernes, 10 de octubre de 2025

  !LA BATALLA DE UN NIÑO POBRE CONTRA EL PESO DE SU PRIMER DESPRECIO!

  


HISTORIA DE CUMANESES

La Ceniza Fértil de la Memoria: Un Réquiem por la Cumaná DescalzaDe las calles polvorientas y el rumor a salitre de una Cumaná que ya no existe, surge este eco, no de dolor, sino de una nostalgia a flor de piel. Aquí, en estas páginas, el tiempo se detiene y nos convoca a la orilla de un pasado cincelado por la intemperie.Es este un compendio de almas desnudas, forjadas en el crisol de la desigualdad, donde la sombra del poder, gélida e inamovible, apenas tocaba la luz de las casas humildes. Era una Venezuela de barrios olvidados, recodos del mapa que el destino pareció dejar inconclusos, donde el pan era una proeza diaria y la niñez, un campo de batalla contra la miseria y el hambre.Pero de esa tierra árida, germinaron hombres grandes, cuyas espaldas aprendieron la geometría del sacrificio y cuyas manos conocieron la aspereza del trabajo antes que la suavidad del juego. Hoy, mientras la borágine digital y redes sociales, esta nueva deidad de luces fatuas y efímeras, intenta sepultar sus raíces bajo el peso de la ilusión, sus recuerdos se resisten a ser ceniza.Esta es la historia de Chuito, un espectro de la inocencia que camina sobre el límite frágil entre lo vivido y lo soñado. Una oda a la Cumaná descalza pero feliz, que sin tenerlo todo, lo poseía en la riqueza inmensa de sus vivencias auténticas. Un testimonio de que la verdadera vida, la que forja el carácter y el alma, se construye lejos del algoritmo, al calor de una hoguera de dignidad y alegría silvestre.Atrévase a desenterrar, a través de estos relatos, la luz insobornable que aún palpita bajo el asfalto de la memoria.

Por: Dr. Jesús Betancourt. 


 !LA BATALLA DE UN NIÑO POBRE  CONTRA EL PESO DE SU PRIMER DESPRECIO!

     En la vibrante y a veces silenciosa Cumaná de los años 50, en el humilde y apartado barrio de gente laboriosa, llamado Cruz de la Unión,nació Chuito. Hijo de campesinos y tostado por el sol, su destino parecía sellado por la pobreza, pero su espíritu era una llama que el viento no podía apagar. Creció a orillas del río Manzanares, cuyo murmullo constante le enseñó que, aunque se pase por el fango, el alma debe seguir fluyendo con dignidad y perseverancia.    

     Chuito era un niño despierto y trabajador. Su vida era una sinfonía

de esfuerzo honesto. En la Plaza Miranda, sus manos creaban magia, sacando lustres tan perfectos que los zapatos parecían espejos, mientras su sonrisa contagiosa ganaba corazones. En el vasto Cementerio, su trabajo era de un canto al recuerdo de los cabizbajos visitantes: lavaba las tumbas con esmero, devolviendo el respeto al recuerdo, sintiendo que cada gota de sudor era una
caricia.
     El otro gran escenario de su niñez era la Iglesia de Santa Inés del Monte, donde servía con devoción como monaguillo. Entre el servicio y la travesura, Chuito encontraba la felicidad. Se escapaba de clasepara zambullirse en las riberas y de las aguas
t ransparentes del rio Manzanares, sintiendo la libertad de un pez. De vuelta en la iglesia, limpiaba los Santos, sintiendo que su dedicación leganaba un guiño celestial.

El Sabor Amargo y la Mirada Helada
     Una tarde crucial, la rutina de Chuito se cruzó con el mundo exterior. El Párroco le ordenó buscar a Don Simón, un anciano sacerdote español, asistente del Monseñor. La misión era sencilla: traer la botella de “Frangelico”, una bebida espirituosa, para recibir a la Cónsul de los Estados Unidos,quien era invitada de honor de las autoridades eclesiásticas.
     La Cónsul venía a entregar la llamada "ayuda humanitaria": ropa usada vieja y el odiado cubo que se disolvía en agua y que despectivamente llamaban  "leche de padre", cuyo sabor extraño y desagradable era lo único que los niños pobres tenían para beber, y que recordaban con profundo desagrado.
     Chuito cumplió el encargo. Vio a Don Simón servir la bebida en dos copas impecables. Mientras aquella mujer de aspecto altiva y rostro de piedra , de pelo rubio y labios rojos bebía, su mirada, fría como el hielo, se posó en el niño con la piel curtida por el sol cumanes. "¿Y ese negrito de dónde lo sacaste?" 

preguntó con voz destemplada
 y despectiva.
   

 El Monseñor, con genuina ternura, intercedió: "Este es un niño pobre de algún barrio de estos que hay por acá; él negrito nos ayuda. Es muy laborioso y simpático."
     Entonces, la Cónsul pronunció las palabras que perforaron el alma de Chuito: "Niño pobre de barrio, es igual que ladronzuelo. Cuídense.
Son como los ratones: se comen lo que no es de ellos y defecan en cualquier
parte."
Y lanzó una carcajada que fue acompañada por el Monseñor.
     A su corta edad, Chuito entendió perfectamente el asco y la repulsión que sentía esa clase de gente por su color de piel y su condición de pobre. Dos lágrimas ardientes rodaron por sus mejillas. Don Simón intentó acercarse a él con pena, pero era tarde. Chuito se dio media vuelta y corrió cerro arriba hacia el barrio el Chispero, un barrio enclavado en un cerro, tras del cementerio que daba hacia el barrio Cruz de la Unión,  y bañado en el dolor del primer gran desprecio de su corta vida entró a su humilde rancho de bahareque y paja.
El Juramento del Guerrero
     Esa noche, en la penumbra de la reducida salita, a la luz tenue de una rustica lámpara de kerosene y a lo lejos,  al arrullo triste del Manzanares, Chuito transformó su llanto en una fuerza volcánica. El dolor no lo paralizó; encendió un propósito.
     Con la imagen de la "ropa vieja que entregaba aquella señora" y la frase cruel
grabada en su corazón, el niño que soñaba con bañarse en el río hizo un juramento inquebrantable: "¡Juro por la honradez de mi trabajo y por el
amor de mis padres campesinos que seré grande y exitoso! Me haré un gran
abogado. Defenderé a todos los niños que, como yo, sean despreciados o
humillados por ser pobres y negros”.
     Desde aquel día inolvidable, las lustradas de zapatos ya no eran solo brillo, sino el pulso de su determinación. Cada tumba lavada no solo limpiaba el mármol, sino que cimentaba la dignidad de su propósito. Y la lectura, devorando cada libro o revista que caía en sus manos, se convirtió en la plataforma inexpugnable de su sueño más ardiente.     La memoria de aquel desprecio no lo ahogó; fue el combustible incandescente que lo hizo estudiar más que
nadie, trabajar más duro que cualquiera, y nunca, jamás, abandonar la dignidad inalienable que su trabajo honesto le había regalado.
     
Chuito nunca abandonó sus sueños.
     Aquel niño, nacido en el corazón humilde de un  barrio olvidado, se alzó. Se convirtió en el  gran hombre de bien y de éxito que juró ser, no para demostrarle nada a quien lo humilló, sino para honrar el juramento de un niño que decidió ser luz. Demostró al mundo que la verdadera grandeza no se mide por la cuna de donde se viene, sino por la fortaleza inquebrantable del espíritu, por ese juramento infantil de ser grande y respetuoso, y por la promesa de no dejarse humillar nunca más en esta vida.

     Y así, la historia de Chuito se convierte en un espejo. Un espejo donde cada lector puede  ver reflejada su propia batalla silenciosa, su propio "primer desprecio", su propio sueño acunado contra viento y marea. Nos recuerda que, en el rincón más profundo de nuestro ser, todos guardamos un Chuito; un niño que un día hizo un juramento, que se levantó, se sacudió el polvo del desdén y, con lágrimas convertidas en voluntad de hierro, construyó la
vida que merecía.
¿Qué juramento infantil te define? ¿Qué desprecio te impulsó a ser quiéneres hoy? ¿Qué sueño todavía no has cumplido? 
En cada uno de nosotros vive un Chuito, esperando que su historia sea contada, que su grandeza sea reconocida.
 
Moraleja: No dejes que la voz del desprecio defina tu valor. El dolor de la injusticia, manejado con dignidad y propósito, es la semilla más poderosa para el éxito verdadero, aquel que se logra para elevar no solo tu vida, sino la de todos los que vienen detrás de ti.
 

Historia de Cumaneses.

Por: Dr. Jesús Betancourt. 
Abogado, Magister en Ciencias Jurídicas.
Especialista en Derecho Sucesoral, Derecho Civil, Derecho Procesal Penal.

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